23/04/2012

Noreña saborea la fiesta

La Orden del Sabadiego vence a la lluvia y atrae a una multitud de vecinos e invitados a los festejos de San Marcos, toda una reivindicación de la buena gastronomía y el cerdo.

 

«A mi abuela le gustaba mucho el potaje y, sabedor de ello, un buen día un pariente suyo de Siero, que vivía en Madrid, le llevó un embutido que se hacía en Noreña y llamaban sabadiego. Le gustó a mi abuela y, a partir de aquel momento, su pariente, Pepi, tenía como obligación llevarle una buena porción, envuelta en humedecido papel de periódico, cada vez que visitaba su pueblo». Los recuerdos infantiles del periodista Rafael Sánchez Aguilar, que ayer pregonó las fiestas de San Marcos de Noreña, organizadas por la Orden del Sabadiego y conocidas popularmente como las fiestas del picadillo, emocionaron a los noreñenses y sirvieron de entrante a una celebración marcadamente gastronómica, que nuevamente congregó en la Villa Condal a cientos de visitantes.

Pese a la adversa meteorología, que condenó a la Villa Condal a padecer lluvias intermitentes durante toda la jornada, los noreñenses se echaron a la calle para flanquear a la Orden del Sabadiego en su Gran Capítulo y disfrutar de las delicias del cerdo. Fue a la una de la tarde, en el quiosco de la música, cuando Rafael Sánchez Aguilar, acompañado de una cohorte de cofrades y autoridades, comenzó a leer su pregón, ante decenas de personas que retaban a la fina lluvia, dando así inicio a las celebraciones.

Un texto, como se comentó, marcado por los recuerdos infantiles del periodista, que explicó al inicio de la lectura que su abuela materna, María, era oriunda del concejo de Tineo: «Aún se estremecía al recordar el intenso frío cuando, muy pequeña, la llevaban en caballería a la escuela de Cangas por embarrados senderos de lluvia y nieve. Me contaba cómo una niña de su aldea que cogía amapolas en un prado, al ver volar un avión por primera vez, corrió despavorida a la casa gritando que había visto al demoniu».

Los recuerdos de su abuela se entrelazan con los del propio Sánchez Aguilar, que en casa de María aprendió a disfrutar del buen chorizo asturiano, siempre de Noreña, con los que su abuela le preparaba «suculentos bocadillos que yo digería a palo seco en los recreos. Y digo a palo seco porque todavía en los colegios no se habían impuesto las máquinas expendedoras de refrescos».

 

Publicado por La Nueva España el 22 de abril del 2012.

 

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